Canberra zen
El jueves me fui a la capital de Australia a visitar a Jose María. Más que una ciudad, Canberra es un bosque habitado por senadores, funcionarios y científicos del CSIRO. Aparte del bosque con casas donde vive la gente, hay un pequeño centro -the civic- con algunos edificios altos y algunos pubs de lo más interesante: por ejemplo el Wig and Pens donde fermentan cervezas de elaboración propia, que están buenísimas.
También descubrimos de la mano de Shaun -enfant terrible australiano- el Phoenix, bohemio y universitario. Y algún otro bar cuyo nombre no recuerdo. Lo malo es que (como apuntaba un amigo) en Canberra hay cierto nivel, y no puedes ir a un pub y soltarle a una chica cualquier barbaridad, porque igual es diputada o doctora o inspectora de hacienda y con los impuestos no se juega.
También descubrimos de la mano de Shaun -enfant terrible australiano- el Phoenix, bohemio y universitario. Y algún otro bar cuyo nombre no recuerdo. Lo malo es que (como apuntaba un amigo) en Canberra hay cierto nivel, y no puedes ir a un pub y soltarle a una chica cualquier barbaridad, porque igual es diputada o doctora o inspectora de hacienda y con los impuestos no se juega.
Resumiendo: Canberra es un lugar aparentemente tranquilo y sereno, con un bonito lago artificial en mitad del bosque. Generalmente, a los forasterots les parece una ciudad bonita pero un poco sosa, aburrida. Por eso no hay muchos mochileros.
Pero los habitantes del bosque saben que hay una red underground de cronopios maravillosos que se reunen y cenan en casas de madera, acampan en la playa, viajan a la montaña, bailan tangos de Gardel y entre milonga, cruzada y molinete pasan las noches.
La primera noche que salí por Canberra, después de las cervezas de rigor, acabamos a la una de la mañana en un templo budista buscando la constelación de Crux o Cruz del Sur, que aparece en la bandera australiana. Budas, cronopios y estrellas: we are in Canberra, mate.
This is fucking beauty, eh?