Último tango en Sydney
Aquí están Shannon, americana de Montana y Leah, australiana de pura cepa.
¿Cómo puede caber la cerveza de la botella en un vaso tan fino?
Después nos fuimos a Kings Cross, la zona de marcha más animada. Noche en plan disco, o sea nightclubbing que diría Iggy Pop.
Los rezagados apuramos la noche visitando la ópera de Sydney que a esas horas estaba solitaria y con la iluminación tenía un aire especial: las ciudades se conquistan con la suela de los zapatos ¿verdad Shannon?.
El sábado algunos madrugamos para recorrer el centro y tomar un ferry para ver la bahía. Entre nosotros estaba Luciana: porteña, de tango y de bandera.
También Regis, brasileño y amante del chorizo y del jamón serrano.
Jose María imprescindible.
Aquel día aprendí muchas cosas. Supe que Superman es chino y vive en Sydney.
Que la arquitectura está guapísima.
Que es una ciudad moderna y viva.
Y aprendí que Krahe tenía razón pero con matices :
Y que desde el botánico se disfrutan atardeceres de postal. This is awesome, ¿eh?
Luego, por la noche nos fuimos a una milonga en las afueras. Una fiesta de tango donde se mezcla el inglés con el lunfardo y la elegancia de los trajes con el origen canalla del baile y los hombres todavía sacan a bailar a las mujeres. Con poca luz y velas en las mesas. Y a veces suena
Lástima no saber bailar y no ser -por una noche- rey del arrabal.
El domingo nos fuimos a la playa de Bondi, un lugar popular entre la gente guapa de Sydney. Llegamos a Bondi Beach con Stan Getz sonando en el radiocasette olha, que coisa mais linda, tararí tarará. Hay que ir a Bondi, no sólo por la playa en sí, que -aun siendo bonita- no tiene el nivel de otras playas vírgenes, sino por interés cultural; porque es divertido comprobar cómo se esfuerzan los surferos y las barbies en dejarse ver. Display sexual lo llaman los etólogos. También por los mercadillos de artesanías que se montan en las calles de alrededor. Por los animados cafés que rodean la playa y por toda la vida que gira alrededor de este icono de la ciudad joven.
Estábamos tan happy with that, que en un momento dado, Luciana, Silvio y yo empezamos a levitar sobre la arena de Bondi. Silvio, suizo, es uno de mis filósofos preferidos después de Diógenes de Sínope y de El Nota (Jeff Lebowski)
Silvio dice que nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz (yo creo que tiene razón).






te lo estás pasando turista!!
Diego.