Mandame una postal o el querubin dispara

domingo, agosto 06, 2006

Dormir como un vencejo

Llevo tres semanas en las que duermo una media de seis horas por la noche, y lo mio son ocho horas, de reglamento. Así que aprovecho para echar siestas en el tren, en los aviones, en las esperas de la estación. No me duermo en la ópera porque no voy.

Eso lo aprendí de los vencejos. Félix Rodríguez de la Fuente revival: resulta que a estos pajarillos no les mola nada la tierra. Newton, la gravedad, la manzana que cae del árbol… les importa un pimiento; para los vencejos no hay nada más guay que pasarse el día volando, pirueta arriba, pirueta abajo. Tanto les gustan las alturas que hasta copulan en el aire. Sólo bajan al nido para poner los huevos y alimentar a los pollos.

Pero entonces, ¿cómo se lo montan los Apus apus para dormir? pues duermen a cachos: suben muy alto y echan una cabezadita mientras planean suavemente; reducen la actividad cerebral en uno de los hemisferios y con el otro controlan el vuelo (yo, en cambio, desconecto los dos hemisferios y a veces me paso la parada del tren). Y cuando ven que ya han dormido suficiente, se desperezan, estiran las alas, se peinan las plumas y van a ganarse el jornal. El mosquito nuestro de cada día.